29 de mayo de 2006

El día D

Después de una semana difícill, de mil presiones acumuladas el sábado por la noche estallé de golpe. Me pasa a veces cuando las decepciones me superan, cuando me siento un bicho demasiado raro incapaz de encajar en ningún sitio o cuando todo me lleva a pensar que la suerte no ha sido justa conmigo y parece que tampoco eso va a cambiar con el tiempo por mucho empeño y por muchas ganas que le ponga a la vida y a tomar el toro por los cuernos. Soy una pequeña olla a presión acostumbrado a tragar con todo pero que de vez en cuando no puede más. Supongo que porque soy bastante estoico, acostumbrado a soportar los avatares de la vida sin quejarme demasiado, que no me gusta preocupar a los demás con problemas que son sólo míos, que no quiero dar lástima, que no me gusta ir de víctima por el mundo porque no me gusta importunar ni obligar a la gente a que haga algo que no quiere y le supone alguna molestia. Así que voy por ahí siempre sonriente, siempre dispuesto, siempre feliz aunque la fama de borde también me persigue en un dualismo que me he ganado a pulso. Soy un bufón en definitiva, ese es mi papel en este mundo, el que yo elegí, el que mejor se me da, el único que me sirve para destacar, para sentirme alguien en este planeta. Muchos que me conocen desde hace tiempo se han sorprendido al leer mi blog, ese no es el Dani que yo conozco habrán dicho al notar cierta melancolía y tristeza que supongo no consideraban propia de mi y no encontrar en ninguno de los comentarios al chico divertido con el que suelen quedar. No sé si esperaban reírse cuando entraron en estas páginas, la realidad es que dejo de lado ese papel cuando me pongo a escribir, que no me sale mi lado gracioso sino el más profundo y desolador. Que le voy a hacer. Por eso resulta tan extraño y llama tanto la atención cuando estoy triste, cuando no asumo el rol que yo mismo me he adjudicado y que todos esperan de mí. Y el jueves cuando quedé con mis compañeros del antiguo trabajo, obligado en parte porque sentía que tenía que ir a despedirme de una de ellas que dejaba Madrid para marcharse a vivir al extranjero tuve que hacer un verdadero esfuerzo por ser gracioso aunque sé que al principio no resulté especialmente convincente. Y es que incluso cuando hacía la pregunta de cortesía ¿qué tal estás? notaban en la respuesta, en ese "bien" que todos soltamos mecánicamente y sin reflexionar siquiera que resultaba forzado, que sonaba poco convincente y me lo dijeron. Acabé animándome, no me quedaba otra, aunque no fue ni de lejos una de mis mejores actuaciones. Supongo que me fue mejor en el cumpleaños del sábado, que estaba más concienciado de que tenía que ser el tipo divertido de siempre y es que además en este caso el alcohol ayudó bastante. Pero ha sido esta una semana de demasiadas presiones y creo en definitiva que me hubiera venido mejor quedarme en casa y no tener que soportar una vida social tan intensa. Incluso que algunas confesiones llegaron a destiempo, demasiado tarde como tantas cosas en la vida y en un momento muy poco propicio. Cuando me marché de la fiesta lo hice hastiado, agotado de todos y de mi mismo. Como siempre en estos casos después de la crisis intento recomponerme, coger fuerza para darle un nuevo empuje a mi vida así que me levanté dispuesto a mirar la vida con otros ojos y a dedicarme un día entero a mí mismo, el día D del título, el de la inicial de mi nombre, sin presiones, sin roles que asumir, yo sólo en la ciudad, sin ningún plan prederminado y con mil opciones en la cabeza. Quería disfrutar como un turista más de Madrid, perderme solo en sus calles como en otras ocasiones hiciera en Viena, Copenhague o París así que ni siquiera encendí el móvil para no sentir que nadie me importunaba y rompía la burbuja de aislamiento exterior. Lo llevé conmigo aún así, asustado de la posibilidad de sentir que de repente lo necesitaba, que echaba en falta escuchar la voz de alguien cercano. Fue un día completo. Salí a correr por el parque, me perdí en los puestos del Rastro, leí el periódico mientras disfrutaba de una cerveza en la cafetería del museo Thyssen, me tomé un café sentado en uno de los sofás del Starbucks del centro y visité la colección de Carmen Cervera del Thyssen que no había visto. Durante 9 horas estuve solo, incluso en la hora de la comida, como hace Carrie en uno de los capítulos de "Sexo en Nueva York", uno de los que más me gustan, cuando consciente de que su soledad no tiene porque ser una mera etapa de transición en su vida sino que puede convertirse en algo más permanente y duradero asume con valentía el tener que ir sola a un restaurante de Manhattan y decirle al camarero que no espera a nadie para que le retire la silla y los cubiertos de la mesa de ese acompañante que nunca llegará. Porque está sola pero que no por eso va a dejar de hacer aquello que le gusta como disfrutar de un día soleado comiendo en una de las terrazas del Soho o del West End, sola pero no infeliz. Fue un buen día, justo lo que necesitaba para olvidar una semana complicada y empezar esta con buen pié y sólo lamento haber preocupado a alguien que me buscaba, que me llamó insistentemente toda esa mañana y esa tarde tratando de localizarme. Lo siento, no te merecías la preocupación. Contigo precisamente sentí que era yo mismo, sin ninguna máscara y sin artificios. Contigo pasé una bonita velada la noche del miércoles, contigo me relajé y me dejé llevar olvidándome de todo. Gracias de nuevo

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Primer intento, primer texto para un amigo. El día D parece confirmar unas impresiones que me llevé aquella noche... o durante los ultimos encuentros. Tu escrito no me sorprende y conforta mi amistad hacía ti. Ya lo sabes soy partidario de vivir los acontecimientos con passión e intensidad, aunque corras el riesgo de pasar por un deprimido / inestable emocional o melancolico. Deja a la gente llevarse esas impresiones erroneas. Dejales precipitarse.. La emoción viene siendo sincero contigo mismo, abriendote a tus seres queridos..o desconocidos.Que pueda disfrutar de ella quien pueda, los prejuicios son ignorancia. El tiempo hace justicia. Amigo mío, te felicito por asumir tus emociones porque eso te hace mejor persona... y nos hace feliz a todos, los que te quieren... Un fuerte abrazo

Luar dijo...

Niño solo no estás,solos no estamos, tristes, desencajados, malheridos, puede, pero solos no..., aunque cenemos solos, durmanos solos, queramos a solas. Solos no. Muy bonito chuparnos la cola de Almodóvar (jeje) juntos. Algo así yo solo no lo hubiera hecho.

Anónimo dijo...

Me gusta mucho lo que escribes. Porque en el fondo eres más transparente de lo que tú te piensas a pesar de ese supuesto rol, y esto ya lo notaba yo. Yo creo que te conozco un poquito, todo lo que dan de sí 3 meses y un hospital de por medio, pero sé que no eres sólo un tipo superficial e irónico. O que puedes serlo en algún caso, porque tampoco te engañes, en algún momento todos podemos asumir un rol porque parece que es lo que la gente espera de nosotros. Pero a mi me gusta el Dani este que describes en este blog. Me parece más sincero y eso es lo más importante que podemos ser. Y seguro que menos agotador para tí. Te animo a que sigas por esta senda. Estás en la via correcta. Un abrazo grande, Jaime