17 de julio de 2008
Expreso de medianoche
Pensé que lo había superado sin apenas heridas, que ya no te necesitaba, que solo eras un recuerdo, a veces bueno y a veces malo que me molestaba en ocasiones pero que lograba apartar de mi mente fácilmente hasta que volví a verte.
Fue tenerte enfrente, oir de nuevo tus miserias para sentir que de nuevo me volvían a envolver tus problemas y que pese a ellos te echaba de menos. Sólo una mesa nos separaba pero había una especia de muro de cristal que nos impedía acercarnos más.
Fui frío y distante, orgullosa víctima de tus ausencias, puede que hiriente a veces pero no entiendo ese afán por ser amigos como si nada hubiera pasado, como si en definitiva pudieras quedarte con todo lo bueno que teníamos sin las obligaciones, sin la necesidad de cruzar Europa para verme, libre para regocijarte en ese dolor que te sigue comiendo las entrañas.
Si no hubieras equivocado el destinatario de tu mensaje, de ese sms que enviaste una vez llegaste a casa en el que te reconocías triste al ver que todo ha acabado ya entre los dos y que ni siquiera la amistad entre los dos veias posible, ese mensaje destinado al confidente de tus problemas, hubiera creído que ya no te importaba y que habías asumido sin problemas nuestra nueva situación aunque echaras de menos un contacto más continuo entre los dos.
Me alegró saber que aún extrañas lo nuestro, a mi también me pasa aunque haya tenido que volver a verte para darme cuenta, fue una alegría momentánea porque pronto me di cuenta que ya todo da igual, la distancia sigue ahí, eterna compañera de nuestras vidas a las que sólo concede treguas momentáneas y la melancolía volvió invadirme como si de una espesa niebla se tratara, atípica en estos meses de verano.
No he vuelto a saber de ti y dudo que vengas a mi cumpleaños. A veces hasta lo prefiero. Has vuelto a decolocarme y eso que te evité desde que llegaste. De una manera inconsciente sabía que no me haría bien volver a verte, que el expreso de medianoche hace tiempo que dejo tu estación, puede que sin rumbo fijo pero dispuesto a vivir nuevos amaneceres. Tu visita sólo ha servido para retrasar el reloj, para volver al punto de partida, toca volver a rehacer la maleta y emprender de nuevo el viaje, puede que incluso con más fardos de equipaje pero no sin menos ganas.
22 de junio de 2008
O garoto de Ipanema
Hace tan solo una semana estaba tumbado tomando el sol en la conocida playa de Río de Janeiro, sin embargo parece que hace siglos de mis últimas vacaciones y ya cuento los días que faltan para las que vendrán.
La rutina ha vuelto a devorarme en sus fauces no sin cierta ansiedad y desgana a la que nada colabora esta ola de calor que nos tiene a todos agotados y sin ganas de nada. Pero hacía tiempo que no desconectaba como esta vez, con el móvil apagado, sin mensajes, ni llamadas a las que atender y con 10 días por delante para conocer Río, una ciudad que realmente puede conocerse en apenas 4.
Me gustó como pocas, pese a que estaban a punto de empezar el invierno tropical la playa invitaba a tostarse al sol mientras se desplegaban frente a ti todo tipo de vendedores dispuestos a ofrecerte las más variadas mercancías y los cuerpos bronceados en ajustados bañadores invitaban al menos a la contemplación generosa de lo que allí se ofrecía, todo un espectáculo, curioso y divertido a los ojos de un profano en el país.
Y aunque el sol desaparecía pronto (a eso de las 5 de la tarde y es que en algo tenía que notarse el otoño en Río), la vida seguía en las terrazas de la exclusiva Ipanema con los turistas y los locales adinerados (las patricinhas y mauricinhos de turno, los que aquí llamaríamos pijos) mano a mano.
Es cierto que en general había algo sórdido flotando en el ambiente, puede que fueran los extranjeros venidos solos con el único objetivo de disfrutar de los placeres de la carne o los jóvenes locales dispuestos a cumplir su sueño con el dinero de algún europeo o americano del norte con posibles y en general con muchos años en su carnet de identidad. Y todo pese a no salir apenas de la burbuja que es Ipanema y Leblón, el barrio donde los precios son europeos y las tiendas parecen sacadas de la 5ª avenida de NY, un sueño para muchos de los locales que viven en alguna de las favelas que trepan los montañas que rodean la ciudad y que de noche con sus diminutas luces encendidas suspendidas en el cielo dan una visión un tanto onírica al paisaje de la ciudad.
Reconozco que pese a que no era mi objetivo prioritario albergaba esperanzas de dar rienda suelta a mis instintos más básicos, es lo que tiene escuchar las fábulas de los que allí han estado, seguramente algo noveladas, historias de propuestas irrechazables por parte de efebos de piel canela, hedonismo de la carne en la sensual y erótica playa de Ipanema.
Algo de eso hubo, he de decir, pero en esos instantes en los que me dejé llevar por la inercia de la pasión de la carne sentía que no era yo y que simplemente me dejaba llevar por lo que se esperaba de mi en la situación, por la presión social de un ambiente demasiado promiscuo en el que no se entiende mi castidad desde la ruptura. No es una castidad forzada, es más, si hubiera conocido a alguien interesante desde entonces la hubiera roto sin mayores problemas pero algo más tiene que encenderse en mi que una mera pulsión sexual para que me lance sin más a gozar del cuerpo ajeno. Lo he intentado y si ni en una de las ciudades más sensuales del planeta me sale, será que no valgo para esto ¿no? Pues a otra cosa...
1 de junio de 2008
El día más feliz de tu vida
Dijiste que fue una boda triste y es verdad que una ligera melancolía invadía de algún modo el ambiente: el día gris, el carácter íntimo del evento con apenas 40 invitados y la ausencia de una verdadera pista de baile donde desatar los ánimos danzarines de los invitados no ayudaron demasiado a darle un tono más alegre a un evento que de por sí suele ser vital y distendido.
Me cuesta creer como me dijiste que en realidad la familia estaba allí disimulando que hubiesen preferido otra cosa para sus dos hijos, algo más convencional, no tan llamativo como dos hombres saliendo del ayuntamiento de una localidad del extrarradio madrileño recién casados bajo cientos de granos de arroz volando a sus cabezas mientras un sonoro "viva las novios" se dejaba oír por los invitados congregados a la salida. Me consta que la gente que por allí pasaba nos miraba sorprendidos de la escena, atípica, extraña y un tanto moderna.
Y allí estaban juntas dos familias españolas más, como cualquier otra, sin otra modernidad aparente que el ver como los que se unian eras dos personas del mismo sexo, dos hombres que se quieren y que han decidido formar un hogar. Pese a la frialdad de las ceremonias civiles logré emocionarme.
Sin embargo y pese al alcohol que en estas celebraciones uno acaba ingiriendo había una extraña tristeza en todo. Quizás fuese una impresión mía, todos parecían estar disfrutando del evento, puede que en realidad estuviese viéndome reflejado en ellos, consciente de que muchos pasos tengo que dar aún en la vida para poder llegar a verme en esta tesitura y no lo digo porque antes tendría que encontrar con quién, cosa complicada en cualquier caso sino porque no veo a mi familia asumiendo con la tranquilidad de estas dos familias la situación que había allí reunido a hermanos, abuelos, padres, tíos... con sus mejores galas.
Mi madre ya me dijo en su día que no quería una boda con la excusa de la anticuado de la institución y creo que aunque no lo confesase en realidad quería pedirme que no la obligara a ponerme en la situación de tener que explicar a nadie con quién me casaba. De hecho y para evitar de nuevo sacar el tema hoy al ir a comer con ellos como todos los domingos no le mencioné quienes se casaban, sólo le conté que había estado en una boda sin más. Puede que eso explicara porque estaba tan arisco, porqué acabamos cabreados el uno con el otro y porqué no mostré ningún signo de arrepentiemiento al irme, en realidad la estoy culpando de no ser lo suficientemente valiente para hacer como esas dos madres que dan la cara y asumen lo que sus hijos quieren y sienten y les acompañan en el día más feliz de sus vidas. Desde aquí os deseo a los dos mucha felicidad, la tenéis bien merecida por vuestro coraje y el de vuestras familias.
14 de mayo de 2008
Criatura
Tal vez la seriedad impuesta de problemas ajenos que ahora parecen lejanos me haya convertido en un frívolo adolescente, hedonista en busca de placeres y de diversión, liberado de una pesada carga que sostenía sobre mis hombros pese a no ser propiamente mía.
El viejo péndulo que nos hace alternar diferentes facetas y caras en un mismo ser, prisma de personalidades complejas e indefinibles vuelve a girar y toca divertirse, dejar la seriedad de lado. Lo cierto es que oportunidades no faltan: salidas nocturnas hasta altas horas de la noche, viajes y risas sin fin.
No sé si llegará el día en que me cansaré de comportarme como un crío pasota y descreído. Tengo miedo de que si me paro, si dejo de buscarme entretenimiento a todas horas me dé cuenta del vacío, de la tristeza que me deja todo esto detrás. No sirve para contruir nada y sólo para momentos efímeros y nada indelebles.
Sé que debería, no obstante, pararme y reflexionar, descansar en algún momento para pensar en lo que quiero hacer de mi vida. En lugar de eso meto la quinta marcha para avanzar sin rumbo fijo en medio de planes y citas que se alargan hasta altas horas de la noche. Alérgico a la seriedad y al compromiso, el estrés laboral me distrae entre semana pero me agota físicamente y mentalmente y acaba por generarme malhumor, al fin y al cabo lo único que me apetece es divertirme. ¿Hasta cuándo? Ni yo mismo lo sé, el vértigo de la velocidad de crucero a la que me he visto sometido me impide pensar y lo que es peor, disfrutar realmente del viaje.
27 de abril de 2008
Incertidumbre
Últimamente no dejo de oír la canción El poder del mar de Facto Delafé, me encanta ese estilo fresco, optimista y vital que se dio a conocer en el último anuncio de El Corte Inglés, el de la campaña de Primavera. Lo necesito. Supongo que me pesa demasiado la incertidumbre derrotista de tantos frentes abiertos en mi vida, demasiadas cosas en qué pensar y que terminan por generarme mucho estrés. Por eso mi fin de semana se resume en un sinfín de actividades que yo mismo busco para mantener la mente ocupada y que me dejan el domingo más cansado aún de cómo llegué el viernes.
No sólo es la extraña sensación de volver al mercado, apático y desesperanzado, cansado de empezar y caer una y otra vez, ni la angustia de tener que volver en dos semanas a la ciudad que recorrí junto a él tantas veces y volver a verle de nuevo, ahora que empezaba a olvidarle o al menos a acostumbrarse a la ausencia de sus llamadas y sus mensajes.
Ni la apatía en el trabajo, del desgaste y el esfuerzo titánico de tener cien frentes abiertos y mil nuevos que aparecen ahora que las ventas empiezan a renquear al tiempo que una posible oferta laboral amenaza con ponerme la vida del revés y obligarme a tomar una decisión que no va a ser fácil.
Tampoco la amenaza de una crisis que ya empieza a dejarse notar y se aventura especialmente larga y peligrosa y que me pilla con una hipoteca recién constituida y sin mucho margen de maniobra.
Ni la triste sensación de tener que volver a recorrer los pasillos desangelados del mismo hospital que hace un año, si entonces fue mi tío ahora es mi tía, su hermana, la que vuelve a ocupar la misma cama en la Uci que entonces ocupó él como si de una broma macabra se tratara. Él salió adelante, mi tía ahí sigue, luchando por aferrarse a una vida que a ninguno de los dos les ha tratado especialmente bien. Al menos sedada no es consciente de nuestros lloros y del amargo cansancio que revelan la cara de mis abuelos que vuelven a pasar por la misma tragedia de entonces aunque con distinto protagonista. No se merecen una vejez tan dura, viendo como uno tras otro sufren sus hijos la agonía de una enfermedad tan injusta.
Esa es, en grandes líneas, mi coctelera personal, su resultado me convierte en un ser pequeño e indefenso, bloqueado y aterrado por una incertidumbre que imagino sólo el tiempo acabará poniendo en su sitio aunque probablemente vendrán otras.
19 de abril de 2008
Lo que tu quieras oir
Dicen que es la última sensación de YouTube, ayudaré a que siga siéndolo y crezca algo más, pinchad abajo y vereis el corto "Lo que tú quieras oír"
http://es.youtube.com/watch?v=eEtVaQ9wBNY
No quisiera reventaros el corto pero su final me deja un sabor agridulce, esa protagonista que prefiere engañarse a si misma para seguir adelante, creando una historia distinta a la real pero necesaria para superar la falta de autoestima que una ruptura inesperada deja a quién, inocente y confiado, no es capaz de ver lo que se le viene encima. Y se siente engañada, miserable y hundida por no haber sido capaz de darse cuenta antes de que fuese demasiado tarde, incapaz de superar no su ausencia sino la sensación amarga que deja un abandono. E inventa una mentira.
También en cierto modo una vez tuve que crear una mentira y creermela para superar el dolor. Ahora sé que me engañaba, que nunca me quiso, que fui un juguete en sus manos, que nunca llegué a cubrir sus expectativas y que nunca superé el listón que había puesto en su vida.
Puede que ahora sea distinto pero sigo sin soportar que me diga que valgo mucho y que no debería hundirme, suena a palabrería hueca que cuesta creer porque los hechos sólo me demuestran que has tirado la toalla
12 de abril de 2008
Cachorro
Biológicamente la especie humana es la que gesta cachorros más indefensos, los que más tardan en separarse de las faldas de su madre para emprender el vuelo en solitario. Físcamente dependemos de nuestra madre por lo menos durante la lactancia y hasta casi bien avanzada la infancia. El contraste de un bebé lloroso e indefenso con los primeros pasos de un caballo recién nacido que pronto sabrá valerse por sí mismo es más que evidente. En estos años se gesta esa profunda relación materno filial que se mantendrá con los años aunque con el tiempo seamos ya adultos con una vida más o menos organizada.
A veces pienso que las madres tienen una especie de sexto sentido, que lo saben todo de nosotros. Otras sin embargo creo que no se enteran de nada. El pasado domingo sin ir más lejos me preguntó por qué iba a tanto a Bruselas cuando le comenté que iba a pasar allí el puente del 15 de mayo, incluso sugirió que podía ir allí a ver a alguien especial en mi vida. Llegó tarde, esa pregunta que hubiese contestado afirmativamente hace tan solo un mes, hace una semana tuvo como respuesta un no débil y apesudambrado que pronuncié sin mirarle a los ojos para que no descubriera mis ojos vidriosos al volver a recordarle.
Luego, sin saber por qué mientras veía la película Hechizo de Luna y yo leía a ratos el periódico del domingo me preguntó si sufriría mucho cuando muriese. La miré asustado por un momento, ¿estaba leyendo mi mente? ¿acaso sabía todo lo que había pasado? Le había contado que un amigo mío había perdido a su madre y estaba destrozado pero eso fue hace meses y no creía que pudiera hilar tan fino para relacionar eso con mi melancolía de los últimos días. No daba crédito a todo hasta que me fijé en la película, parada justo en la escena de la madre moribunda del novio de la protagonista en Sicilia y ahí me di cuenta de que no tiene super poderes, simplemente se vio reflejada en esa escena. La respuesta fue clara
- por supuesto que sufriría mamá
- pues tienes que ser capaz de superarlo rápido, no me gustaría verte pasarlo mal, contestó rápido
- tampoco te gustaría que al día siguiente estuviese de fiesta como si no hubiese pasado nada ¿no? aseguré
- tampoco eso
Ahí se acabó la conversación, volví al periódico y ella a la película, no quise hablar más de ello, no quiero pensar que pueda faltarme algun día pese a que los últimos acontecimientos en mi vida me hayan puesto en más de una vez en la piel de los que desgraciadamente ya lo han sufrido.
Volví a mostrarme incapaz de abrirle mi corazón, de aprovechar el momento para contarle por lo que estaba pasando, en general me cuesta tanto sincerarme con ella, me avergüenzo y aún no entiendo porqué. Puede que en definitiva pese a que siempre me he esforzado en hacerla féliz y en devolverle todo lo que ella de un modo generoso nos ha dado, siento que la he defraduado, que no soy lo que ella esperaba, que probablemente nunca le dé nietos y que si me caso algún día será en una ceremonia nada convencional y aunque aparentemente muestre una comprensión fuera de toda dudas, sé que le ha costado trabajo aceptarme tal como soy.
Nada puedo hacer para cambiar esa parte de mi vida que es tan propia de mi como el color castaño de mi pelo o el hoyuelo en el moflete que me sale cuando río y lo único que lamento ya a estas alturas de mi vida en el que ya me siento plenamente aceptado es que todo esto siga actuando como muro invisible e infranqueable que me impide tenerla más cerca y hacerle partícipe de mi vida, esa que a veces, como ahora, pesa como una losa.
7 de abril de 2008
Ingrid
Su imagen se hizo tristemente popular cuando en una visita la selva como candidata a la presidencia de Colombia fue secuestrada por la Farc. Desde entonces lleva más de 8 años recluida, sin apenas pruebas de vida en todo este tiempo que hagan a la familia conservar la esperanza de poder volver a verla algún día con vida.
Esta es la última, se hizo pública hace unos meses, y convertida en icono reciente de la lucha contra la ignominia de un secuestro, aparece constatemente en los medios de comunicación, a medida que surgen nuevas noticias de esta mujer, de su mal estado de salud y de la debilidad física que amenaza con acabar con su vida, lejos de los suyos y en presencia de su enemigo más atroz, el que la mantiene retenida en medio de la selva.
Lo más trágico de esa imagen que nos hemos acostumbrado a ver no es su delgadez extrema, ni que le dejasen los grilletes puestos también durante la grabación, conscientes de que su imagen tras tantos años de ausencia daría la vuelta al mundo.
Lo más triste de esta historia lo cuenta sin palabras esa cara de melaconlía infinita, esa mirada perdida incapaz de enfrentarse al objetivo de la cámara y esas manos entrelazadas como suplicando piedad a unos raptores que no han sido capaces de dejarla libre en todos estos años. Cuesta imaginar el ejercicio mental tan hercúleo que esta mujer habrá tenido que hacer estos años para no enloquecer, para mantenerse cuerda en una situación tan inhumana, en un entorno tan hóstil y sin apenas capacidad de movimiento. Y ahí sigue viva, entera pese al dolor, símbolo inconsciente de la fortaleza humana aunque tal vez ahora, en el mismo momento en el que escribo estas líneas, sienta que está llegando al límite de lo soportable.
Al igual que en esta foto, en ocasiones me da miedo a enfrentarme al espejo y ver mi cara reflejada, parar un segundo para mirarme de manera tranquila y pausada y no con la rutina aprendida e inconsciente del día a día, fijándome en los detalles de un rostro que pese a los cambios conozco muy bien. No se trata de que me asuste advertir las huellas del paso del tiempo en mi piel aunque, os lo aseguro, no me entusiasman. Tengo miedo de mirar al fondo de mis ojos porque me aterra descubrir en ellos la misma mirada perdida y melancólica de Ingrid en esta fotografía. Sé que son dos situaciones incomparables y que no puedo ponerme en la piel de ella sin sentir inmediatamente el terror más agónico pero a veces siento que no hay esperanza y que las derrotas deberían hacerme replantearlo todo, son ya demasiadas sin apenas nada bueno a lo que asirme, demasiados nubarrones empeñados en aguar los cuatro momentos buenos que he tenido en más de 10 años de historias, pese al empeño puesto detrás, pese a los continuos reintentos que siempre me llevan al mismo destino. Estoy cansado, aburrido y harto. Puede que pronto lo olvide, seguro que me lanzaré de nuevo a por otro desatino más antes de lo que ni yo mismo imagino pero hoy sólo sé que lo único que me apetece es romper todos los espejos de mi casa. Sólo me frena saber que acarrean 7 años de mala suerte y eso, precisamente en estos momentos, no es lo que más falta me hace.
4 de abril de 2008
Calma chicha
Aunque cueste creerlo la parte que peor llevo de estos procesos es tener que contar y dar explicaciones de lo acontecido a todos los que te siguen mi vida cuando lo único que te apetece es olvidarlo, pasar página y seguir adelante.
No me gusta nada ese tono lastimero con el que te responden preguntando por razones que ni tú mismo encuentras. Puede que esté tan cansado de pensar en ello, de darle vueltas que todo me molesta, tanto que pasen de largo, como si la historia en sí no tuviese importancia, como que se vuelvan inquisitivos y preguntones.
A veces gustaría mandar un sms o un mail conjunto con el asunto ruptura y dar por cerrado este capítulo de mi vida ante los demás sin demasiadas explicaciones, al fin y al cabo cada vez que lo cuentas terminas reviviéndolo una y otra vez. Y no deja de ser otra historia de fracaso sin final feliz. Aunque soy de los que creen que ninguna puede considerarse como tal, nada acaba con un "The end" bordado con letras doradas en cursiva y un fundido en negro como en el cine, lo que nos espera al final del camino no es más que la muerte a la que nos enfrentamos siempre en la más estricta de las soledades.
Incluso hubo quien me dijo cuando le conté todo que parecía que lo llevaba muy bien y puede que tuviera más razón que un santo. No se trata de mera fachada aunque hay momentos mejores y peores en esto pero en general cuando se toma la decisión y ya no hay vuelta atrás, en ese momento siento una profunda y extraña liberación, ya no hay que luchar más, se acabaron los conflictos, los esfuerzos por enderezar una nave que ya hace tiempo veías cómo se iba a pique. Vuelves a tener la libertad de hacer tu vida sin dar explicaciones a nadie y por un momento piensas que mejor estás solo.
Los problemas llegan después, cuando te enfrentas al día a día con escasos apoyos, cuando empiezas a olvidar los problemas que terminaron con todo y sólo te quedas con el recuerdo de lo bueno que hubo entre los dos, a mi me pasa, termino dulcificando siempre las cosas, olvidando lo malo y recordando sólo lo bueno para no saber muy bien porqué hemos acabado en ese punto. Puede que en este caso hayan pesado más los factores exógenos en la relación y eso lo haga más fácil, nadie es culpable en definitiva de lo que ha pasado pero llegará. Hoy todo parece tranquilo como en una extraña calma chicha, la misma que los viejos lobos de mar miran con cara de preocupación desde su vieja botana conscientes de que se avecina de nuevo una terrible tormenta. Experiencia al menos para sobrevivir a ella no nos falta.
31 de marzo de 2008
Una palabra tuya
Fue un regalo de Navidad con retraso, imprevisto, comprado delante de mis narices un día de Rebajas en pleno centro de Madrid. Desde entonces siempre que hablamos me preguntas por él, por el libro y por la historia que hay detrás. Lo acabé hace casi un mes y casi lo tengo olvidado, superado por acontecimientos recientes que ocupan demasiado mi mente últimamente.
Rosario y Milagros, dos mujeres con nombres que suenan a antiguo, a misa de doce en el pueblo y a alcanfor en el armario, unidas en una relación extraña y casi enfermiza, por un destino caprichoso, siempre juntas por el más poderoso coagulante, el miedo, ese terrible miedo a la soledad en una ciudad demasiado grande y hostil.
La una infantil, inmadura y sin una mínima pizca de maldad, la otra amargada por una vida demasiado oscura, incapaz de remontar el vuelo y de darle un vuelco a su vida. Sin nada más a lo que asirse que la una a la otra, sin sueños después de una vida de frustaciones y desengaños.
No os quiero revelar el final de una historia triste pero entrañable pero me quedo con sólo una cosa, pese a todas las desgracias de su vida mísera hay un rayo de esperanza al final y esa inocencia infantil e inconsciente de Milagros acaba por convencer a Rosario de que la vida, injusta, rácana en sus recompensas y miserable en tantas ocasiones merece la pena.
Intenté ser esa Milagros para ti. Siento haber fracasado en ello y me duele saberte aún tan cerca de tus fantasmas. Ojalá la encuentres pronto y puedas enfrentrarte a la vida al menos con una pizca de ilusión y con esa sonrisa brillante y luminosa que no te abandonaba nunca aquel día que te conocí. Suerte
31 de diciembre de 2007
Balance de un año
Termina un año que ha sido poco fértil en este blog, lo reconozco. Es verdad que sigo sin conexión en Internet y que eso hace más difícil escribir aunque sea unas líneas pero reconozco que también me pesa la vagancia, que podría escribir en casa y luego colgarlo en el trabajo y sólo me llevaría un par de minutos pero no me apetece, me veo sin ganas aunque temas ho hayan faltado este año que hoy nos abandona.
En estas fechas no resulta inevitable hacer recuento de un año que en general debería decir que no ha sido malo aunque el último trimestre me deje un cierto sabor amargo, precisamente el que tenemos más cerca y el que muchas veces más pesa en el análisis. Siempre se me ha dado mal el 4º trimestre, casi todas las rupturas dolorosas que he sufrido sucedieron en un Madrid otoñal como escenario, el tiempo plomizo de estas fechas me hunde el ánimo sin que los factores ayuden demasiado a compensar. De hecho debería hacerme chino, seguro que en marzo, cuando empieza según su calendario el año nuevo, las cosas se verían de otro modo con la ayuda de una climatología más favorable y con la primavera a punto de mostrarse en Madrid con toda su fuerza.
Toca hacer recuento en diciembre así que no hay más opciones, lamentablemente. Empezaré por lo mejor de este año 2007: una casa nueva recien estrenada y costó conseguirlo, 6 meses de retraso a los que sumar otros tres con las llaves en la mano y ya pagando la hipoteca hasta que conseguí que me hicieran los arreglos sin los cuales no podía hacer el traslado, dos nuevos países que sumar a la lista de viajes (Grecia y Egipto) hechos en muy buena compañía, un ambiente de trabajo muy mejorado y cada día más divertido, muchas noches de fiesta, muchas confidencias con los amigos de siempre y con algunos otros nuevos o recuperados, una gran fiesta de cumpleaños (aunque no debería yo decirlo)... y seguro se me olvida algo.
Lo peor, un año laboral un tanto insulso, de crisis diría yo, una carrera profesional algo frenada y la sensación de que la única opción pasa por buscar otra cosa fuera de los muros de esta compañía donde ya llevo dos años y medio, el mal sabor de boca y la sensación de inutilidad que te deja participar en varios procesos de selección sin haber sido el elegido y sin que te den la oportunidad de tomar una decisión que ellos toman por ti con un no por respuesta.
Y eso en el plano laboral porque en el personal la crisis amenazó los cimientos de mi relación de pareja, la distancia se hacía ya insoportable, lo que era incluso una ventaja en su día cuando le conocí se transformó en demasiadas noches con la cama vacía contando los días que faltaban hasta que un avión volvía a juntarnos de nuevo. Sentí que aquello ya no me llenaba y lo peor es que no había planes de que fuera a cambiar en breve y que los calendarios para fijar la fecha de las nuevas visitas, eternos compañeros de visitas, era lo único a lo que podía aspirar. Y exploté, fueron semanas duras para ambos hasta que logré convencerle de que merecía la pena intentar salvar lo nuestro aunque eso implicase un cambio radical en mi vida. Un nuevo país, o mejor, el recuentro con un país en el que ya viví una etapa de mi vida, una de las mejores por cierto pero que ha cambiado demasiado desde mi año loco de Eramus. Ya apenas conozco a nadie en la ciudad y Marie, la única a la que veía con frecuencia cuando subía a la capital belga, ni siquiera vive allí.
En eso sigo de momento, buscando algo que me permita dar ese salto aunque a veces me asalten las dudas. Sé que la experiencia internacional va a ser un plus en mi carrera pero me asusta pensar que todo salga mal y me encuentre de pronto solo en una ciudad gris y plomiza deseando volver a casa. Pese a todo creo que el riesgo merece la pena, que dejar morir esto que tanto he buscado me parece de cobardes y más ahora que tanto me necesita a su lado. Por eso cada vez que una entrevista de trabajo no sale siento que he fracasado de nuevo aunque también respire aliviado sabiendo que eso me permite seguir en Madrid algunos meses más con mi vida de siempre.
Por eso le pido al 2008, el año de la rata del horóscopo chino (aunque hasta marzo no comience oficialmente) que sea el año del cambio, a mejor por supuesto. Al fin y al cabo dicen que será un año de buenos augurios, de gran expansión y en el que las personas tendrán no sólo iniciativa sino también capacidad de llevar a la práctica prósperas ideas. Os lo deseo a todos. ¡¡¡Feliz 2008!!!
17 de abril de 2007
Torre Espacio
Hace un mes colocaban la bandera que marca su cima, la Torre Espacio corona oficialmente y desde entonces el cielo de Madrid (y por ende el de España) marcando un nuevo récord que pronto superarán dos de sus vecinas, dos de las cuatro torres que se construyen en lo que antiguamente era la ciudad deportiva del Real Madrid.
Una nueva proeza de esta ciudad que no para de crecer, desbordada tras más de 10 años de euforia económica, con sus costuras de asfalto a punto de reventar, bloqueada por los miles de coches que la cruzan a diario, taladrada sin cesar por las obras de los nuevos túneles que pronto se colapsarán de coches o que recorrerán los vagones de un metro cuya tupida red no deja de crecer. Y la mancha de Madrid, tan visible en la oscuridad de la noche desde el espacio, no para de crecer alcanzando ya las provincias aledañas, miles de trabajadores de Madrid que viven en el vecino Toledo, en Guadalajara, en Ciudad Real incluso, ciudades dormitorio de un Madrid al que nutren a diario con mano de obra, espacios con un precio por metro cuadrado más asequible.
Y mientras van llegando nuevos centros comerciales y aparecen nuevos barrios donde antes había un secarral la ciudad se transforma en un gigante insolente y ansioso que consume recursos sin parar. No hay mejor metáfora de la codicia humana que esta ciudad sin fin, llena de proyectos colosales, brillantes como un regalo envuelto en celofán, muchos de ellos sin más sentido que el de llenar las arcas de algún promotor inmobiliario o saciar las ansias ególatras del político de turno, deseoso de dejar huella de su paso y de convertir Madrid en ese escaparate pintoresco de la nación española tan falto de identidad propia en esta España de las autonomías.
Por eso, porque vivo en esta ciudad desde hace más de diez años, porque la he visto crecer, porque he comprobado como se hacía más inhumana con los años, menos manejable, más impracticable me siento tan pesimista con la voluntad del ser humano para conseguir el cambio que esta sociedad necesita para hacer frente al desafío del cambio climático.
No es sólo Madrid quien ha desplazado sus oficinas, sus centros comerciales y sus barrios residenciales a la periferia obligando a desplazarse a muchos a diario, más coches y transporte público que alimentar. No es únicamente esta ciudad la que se ha llenado de centros comerciales al más puro estilo de mall americano, lugares asépticos, de luz artificial y temperatura siempre estable gracias a una costosa climatización. Toda Europa lo ha hecho siguiendo la estela de EEUU mientras el célebre Bric (Brasil, Rusia, India y China) y el resto de países emergentes incorporan miles de nuevos consumidores a diario a la economía mundial, seres ansiosos de alcanzar un nivel de vida que hasta ahora tenían vedado y que el escaparate del capitalismo mundial había colocado delante de sus ojos a través de la publicidad, del cine y de Internet, nuevos consumidores de materias primas, de energía en sus más diversas formas, de productos elaborados...
No me siento capaz desde mi posición de occidental acomodado que disfruta de incontables caprichos de decirles que no tienen el mismo derecho que yo de disfrutar del hedonista mundo del consumo, de contarles que harían falta cuatro mundos como el que tenemos para satisfacer el apetito consumista de la población mundial si esta siguiera la estela marcada en esto por el mundo desarrollado y de negarles yo lo que yo ya disfruto. No me parece moralmente justo.
28 de febrero de 2007
Durmiendo con un extraño
No es tema relevante, de hecho la película “Juegos secretos” que protagoniza Kate Winslet pasa de largo sobre este tema para mostrarnos el aburrimiento y hastío vital de la protagonista y el infantilismo y la inmadurez de su vecino, un atractivo joven que como ella dedica su tiempo a cuidar de su hijo pequeño, dos seres que acaban manteniendo una relación adúltera, algo que se ve venir desde el mismo momento en que se conocen.
Sin embargo lo que me sorprende es como el marido de ella desaparece de la escena una vez que ella le descubre practicando algunos vicios inconfesables. Y me asombra como de repente se convierten en extraños y dos personas que duermen en la misma cama, tan cercanos en el espacio físico se sitúan tan distantes emocionalmente sin aparentemente evidenciar que a su lado duerme un extraño, sin sentir repulsa a ese bulto con el que han perdido toda la complicidad que en su día hubo. Y les ves enfrascados en su día a día, aparentemente un matrimonio feliz en un barrio residencial de cualquier ciudad americana, metidos en una rutina que les evita darse cuenta de que su matrimonio es en realidad un fracaso.
Sé que no siempre que he dormido junto a alguien ha sido esa experiencia increíble de dos seres acurrucados uno junto al otro, fundidos en un abrazo. De hecho me cuesta mucho dormir con alguien en el mismo lecho, son muchas las noches en las que me he enfrentado a un lecho vacío, más pequeño o más grande pero todo para mí así que no me habitúo fácilmente a dormir acompañado. Es verdad que hay noches en las que simplemente te puede el cansancio y después de un momento de lujuria en manos de un extraño al que seguramente acabas de conocer decides entregarte a los brazos de Morfeo en una cama que no es la tuya pero no es lo habitual en mi vida. Por eso me cuesta imaginarme compartiendo un lecho de manera habitual junto a alguien que ya no significa nada en mi vida, dándole le espalda para no sentirle a mi lado, para preservar mi espacio, para creerme solo y para no sentir el fracaso de una soledad que es más angustiosa cuando se vive al lado de alguién.
29 de diciembre de 2006
Solas (y solos)
Puede que sea la fiebre del nuevo milenio y de la sociedad moderna, producto de la emancipación de la mujer, de un cambio de concepto de la pareja y de la familia o de todo esto a la vez, lo cierto es que los hogares unipersonales siguen creciendo, engordando las estadísticas y el fenómeno de los singles ha dejado de ser algo minoritario para convertirse en algo cada vez máss frecuente, en eso también terminamos equiparándonos a Europa. En breve, quisiera pensar que en menos de un mes, la estadística crecerá conmigo.
Es verdad que en mi entorno poco a poco van cayendo uno tras otro muchos de mis amigos, y es que la edad no perdona y a las bodas le siguen ahora los embarazos, sin embargo quedan todavía (o quedamos) muchos rezagados, solitarios por vocación o por necesidad. Puede que las cosas sean distintas para mí desde hace seis meses aunque la distancia me obliga y me permite mantener mis hábitos de soltero recalcitrante. Disfruto de lo mejor de los dos mundos, la compañía, complicidad y el apoyo de un compañero sin perder demasiados espacios de libertad. Sigo haciendo mi vida como hasta ahora con las consabidas limitaciones, soy de los creen en la fidelidad, en eso soy demasiado clásico aunque también en ocasiones, cada vez más, echo de menos su compañía y me gustaría tenerle más cerca.
De todos modos no canto victoria, la vida me ha enseñado que es mejor vivir el presente porque nadie sabe lo que nos deparará el futuro. He vivido demasiado tiempo en una permanente montaña rusa emocional como para olvidarlo tan fácilmente. Por eso me sorprende gratamente la aparente tranquilidad de los últimos meses.
Echando la vista atrás creo no obstante que he sido capaz de disfrutar de la soltería, puede que a veces la soledad haya pesado demasiado pero jamás me han deprimido las bodas, ni me sentido una víctima en esto del amor aunque la suerte no me haya acompañado en demasiadas ocasiones. He aprendido a viajar solo y me he acostumbrado a hacer lo que me venía en gana sin pedir permiso a nadie y sin responder de mis actos. Sé que esto tiene su peligro, que acostumbrarte a la libertad puede hacer más difícil el compromiso pero cuando lo pones todo en una balanza y esta se inclina favorablemente hacia la vida en pareja, cuando merece la pena el sacrificio que eso supone todo viene rodado.
Sin embargo tengo amigas (es más frecuente entre las chicas) mucho más abatidas por las circunstancias que les he tocado vivir. Supongo que la presión social les afecta más a ellas, que sus familias insisten en preguntar y saber cuando se casan o al menos formalizan una relación seria, que todavía hay demasiada gente que no entiende otro modelo de vida distinto al matrimonio y que perciben a las mujeres que no han tenido hijos como mujeres castradas por no haber sabido o podido desarrollar su faceta de madres mientras el reloj biológico suena, mucho más fuerte a medida que pasan los años, y lo hace más rápido que con nosotros.
Y les cuesta encontrar alguien que merezca la pena, sé que no es fácil tampoco. Hartas de tontear sin sentido se vuelven más exigentes con los años. Se han habituado a un modo de vida que sólo están dispuestas a sacrificar por algo que realmente merezca la pena. Huelo su miedo, desencantadas del sexo masculino les cuesta volver a confiar, han sufrido alguna ruptura dolorosa y eso no es algo que se olvide tan fácilmente. No siento lástima por ellas, son fuertes, interesantes, divertidas, hermosas y con mucho que aportar, simplemente han tenido mala suerte, puede que hayan tirado quizás la toalla demasiado pronto y aunque sepan reírse de su desgracia y poner a la adversidad buena cara necesitan volver a creer en sí mismas para poder confiar en un futuro que no tiene porque ser tan adverso como el pasado y asir la vida con fuerza. Ese podría ser un objetivo retador para este año 2007 que empieza ya en unos días
21 de diciembre de 2006
Sequía
No es mi idea hablar de la escasez de lluvias que periódicamente sufre este país, las últimas lluvias han paliado parcialmente el problema sino de la ausencia de inspiración, la escasez de ideas que exponer en este espacio en el que hubo un momento en el que escribía hasta tres entradas mensuales. Supongo que muchos de los temas los llevaba ya muy masticados y digeridos antes de ponerme a escribir, la fluidez con los que aparecieron en la pantalla incluso a mi me sorprendieron y que sólo faltaba encontrar un espacio donde darle forma. Otros surgieron como fruto de un sinfín de acontecimientos, de un 2006 lleno de vivencias y detalles. Sin embargo últimamente ya no encuentro nada de lo que hablar, me cuesta encontrar inspiración, quizás porque estoy en una de las etapas más tranquilas de mi vida, se nota, he ganado algo de peso (y falta todavía el núcleo duro de las fiestas navideñas), que no me agobian los problemas como hace no tantos meses. Tampoco diría que soy feliz, la felicidad tiene la peculiaridad de pasar desapercibida hasta que pasa y sólo cuando es demasiado tarde, sólo entonces recuerdas con nostalgia ese tiempo pasado que siempre parece mejor que el actual. Seguro que habrá tiempos peores en los que recordar este año 2006, de transición y de espera, con la melancolía con la que uno se enfrenta a los gratos momentos del pasado que lamentablemente nunca volverán. Al menos puedo decir que me enfrento tranquilo a la Navidad, a unas fiestas que serán muy distintas a las del 2005, entonces estaba demasiado tocado y afectado por una ruptura que era demasiado reciente y que todavía no había sido capaz de asimilar del todo. En mi fuero interno esperaba un mensaje navideño de reconciliación, es lo malo de la Navidad, que parece el momento propicio para hacer las paces, que nos sentimos obligados a dirigir nuestros actos con bondad, equidad y misericordia y a echar de menos a esas personas de las que Últimamente nos hemos distanciado. No pasó nada, lo temía y aún así me dolió. Podía haber sido yo el que hubiera dado el paso pero no me dejó mi orgullo, ese terrible y poderoso orgullo que aunque a veces logra evitar que haga el ridículo más espantoso en demasiadas ocasiones me bloquea. Es verdad que en esta ocasión no era yo el que tenía que dar el paso, no lo sentía así después de la última conversación mantenida entre ambos. Quise además que mi ausencia absoluta fuese el castigo por su falta de atenciones en los últimos momentos de la relación que nos unió, que me echase de menos y valorase la pérdida. Mucho he dudado desde entonces sin embargo de la efectividad de la medida. No sé si me ha echado de menos en todo este tiempo, ni siquiera una vez, cuanto le he echado yo en falta sin embargo. Ya no, es cierto, su recuerdo se me presenta como una nebulosa, un tiempo oscuro que parece más lejano de lo que en realidad es, más aún desde que abandoné ese barrio que tantos recuerdos suyos llevaba aparejados pero he de reconocer que si volviera a aparecer en mi vida no creo que me dejara indiferente. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, afortunadamente. Pese a la tranquilidad no puedo evitar hacer un símil y comparar mi vida, supongo que la de los demás es muy similar, a un autobús de línea en el que los pasajeros suben y bajan constantemente con cada nueva parada. Muy pocos son los que siguen desde las primeras estaciones, algunos sin embargo son viejos conocidos que despuÉs de haberse bajado vuelven a subir en otra estación una vez pasado el tiempo. Puede que la línea de este autobús sea de las concurridas, soy bastante sociable, es cierto, pero cuando se aproximan estas fechas no puedo evitar recordar aquellos pasajeros que se bajaron una vez y no han vuelto a subir al autobús. Siento que este año ha sido especialmente un año de pérdidas y que pese a algunas gratas adquisiciones echo en falta a muchos, que su ausencia en estos días de mensajes, buenos deseos y recuerdos me duele. Es lo que tiene la Navidad, un tiempo plagado de nostalgias, recuerdos y esperanzas. Brindaré por un año 2007 repleto de gratos reencuentros. Os lo deseo a todos, a los escasos lectores de este blog, a esos que pese a la falta de novedades todavÍa se conectan de vez en cuando para leer esas historias que cada vez más esporádicamente van surgiendo.
4 de diciembre de 2006
La joven de la perla
Nunca le había prestado demasiada atención, nunca Veermer fue uno de mis pintores favoritos aunque siempre me ha parecido un maestro en el empleo de la luz, esa luz vaporosa y fría del Norte de Europa que tan bien supo captar en todos sus cuadros. Pero pasé enfermo la tarde del sábado encerrado en casa, esperando encontrar algo que ver en la multitud de canales temáticos disponibles en la televisión de mi casa y me topé de bruces con “La joven de la perla, la película que narra las vicisitudes de una de las sirvientas en casa del artista, la que sirve de modelo al pintor en probablemente su cuadro más célebre y mientras veía la película intentaba hacer memoria, recordar como era ese cuadro pese a que creía haberlo visto más de mil veces. Sólo empecé a recordar detalles de esa imagen que había visto en tantos libros de arte en una de las Últimas escenas, esa en la que el artista se afana en adornar la belleza de la joven e inocente muchacha antes de posar para el cuadro, cuando le pide que se ponga un trozo de tela azul en la cabeza y le hace el agujero en la oreja para colgarle el pendiente, la perla que da nombre al cuadro y que consigue equilibrar la escasa luz del cuadro creando un nuevo foco de atención en el lienzo. Y le pide que manteniendo los hombros de perfil gire el cuello para mirarle directamente, para que la mirada sea más directa, para que no quepa duda de que nos está observando, impasible desde hace ya casi cinco siglos con ese misterio que sólo son capaces de transmitir algunas obras de arte escogidas. Su mirada me sobrecogió, me sobrecoge aÚn ahora porque dice mucho y no dice nada, a primera vista podría parecer forzada, la mirada de alguien que simplemente se gira porque algo o alguien reclama su atención pero si le dedicas algo de tiempo te das cuenta que hay algo más, que encierra un misterio de difícil solución, que te encantaría haberla conocido para saber algo más de la misteriosa joven, mezcla de inocencia, de coquetería libidinosa y de inquieta curiosidad por aprender y conocer algo más del mundo que le rodea.
Y fue eso lo que me hizo darme cuenta de algo asÍ me gustaría encontrar para decorar la Única pared con la que prácticamente cuenta mi casa. Un icono que encierre un misterio sin resolver, guardián de mil respuestas y ninguna certeza. Una duda irresoluble que me haga como en este caso ponerme en la piel de una joven sirviente del siglo XVII para intentar descubrir sus sueños, sus anhelos y sus miserias, inmortalizados en un lienzo. Un enigma sin solución, un eterno problema con el que acostarme y levantarme todos los días, una compañera que me despierte todos los días con su mirada inquietante pese a que al final pase desapercibida como pasan aquellas cosas que de tanto verlas no vuelven a reclamar más tu atención. No creo que sea esta imagen lo que busco, siento que no es para mi pero me gustaría encontrar otro icono que transmita la misma inquietud que la misteriosa mirada de la joven de la perla, otro misterio sin resolver, la turbia intranquilidad que produce la desazón humana hecha lienzo. Se admiten sugerencias. Gracias
31 de octubre de 2006
Mi yo privado
Durante siglos ha funcionado del mismo modo, reprobado en la esfera de lo público era tolerado o simplemente ignorado cuando sucedía en privado, ajeno a la exposición pública, en lugares oscuros, en circuitos alejados de la gente de bien, en antros recónditos o en la nocturnidad de parques y jardines atestados de gente durante el día pero solitarios y sombríos cuando la noche los cubre con su negro manto. Chueca fue así al principio, antes de convertirse en lugar de peregrinación de fin de semana de muchos, incluso de algunos que no comulgan con la orientación mayoritaria de los que han convertido este pequeño barrio del centro de Madrid en su refugio. No hace tanto tiempo de eso, aÚn recuerdo cuando empecé en esto hace menos de diez años, temeroso y ansioso ante un mundo nuevo que surgía sigiloso antes mis ojos: los bares con mirilla en la puerta a los que había que llamar para entrar, la oscuridad de los escasos locales de entonces, el pequeño aforo, la sensación de clandestinidad, de estar haciendo algo prohibido, de ser un pionero... Nada que ver con la Chueca de hoy en día, con el exhibicionismo sin complejos del barrio, con sus locales de amplias cristaleras de doble sentido, buenas para ver la calle pero igual de idóneas para ser visto, con la diversidad de opciones, con los miles de locales atestados de gente.... Un barrio, para muchos un gueto, que se ha normalizado en ese Madrid que quiere despojarse de su imagen casposa de ciudad de provincias, conservadora y trasnochada con la que salió de una dictadura de cuarenta años. La marcha del orgullo ha hecho mucho para normalizar la situación, no hay de quÉ ocultarse, no hay nada de que avergonzarse, tomemos la calle dando la cara, demostrando quienes somos y de lo que nos sentimos orgullosos. Fue esa idea la que molestó a muchos, sabedores de que es una realidad que existía desde siempre pero que preferirían ignorar. Eso fue lo trasgresor, trascender la esfera de lo privado con una realidad que había estado oculta, reprimida y perseguida hasta entonces en la esfera de lo público. Mostrarlo al mundo sin tapujos ni complejos. Somos lo que somos, un grupo por otro lado nada uniforme, unido por una orientación determinada reivindicando un espacio público que nos había estado vetado. E invadimos las series de televisión, las películas; favorecidos por la orientación de muchos de los creadores de estos productos de masas. Por eso en muchas de estas creaciones uno de los personajes lo es, a veces bajo roles estereotipados, en ocasiones mostrando la pluralidad de una realidad tremendamente diversa como no deja de serlo la misma realidad humana. Sin embargo quedan muchos lugares públicos por conquistar y ni yo mismo me siento orgulloso cuando reconozco que esto es algo de lo que no hablo con mis compañeros de trabajo. Que tengo que aguantar sus conversaciones acerca de bodas, bautizos y comuniones mientras doy la imagen de ser solitario, soltero alérgico al compromiso, ególatra hedonista o ser vacío y superficial. Supongo que a estas alturas más de uno se lo sospecha, tampoco me oculto cuando salgo e incluso estando emparejado me he permitido algunas muestras de cariño en público pero no me gusta, no quiero sentirme el bicho raro y tener que aguantar las miradas y los cotilleos a mis espaldas de mis compañeros cuando me acerco a la máquina del café. Flaco favor porque en esta compañía somos más de dos y de tres en la misma situación, un pequeño grupo que se conoce, se ha visto en público en más de una situación comprometida y que calla dejando que todo siga su curso. He visto a otros en otras compañías con más coraje y aunque no pueda establecer una causa efecto tampoco veo que su progresión profesional haya sido la esperada o al menos la que yo desearía. Puede que el mundo en el que me mueva, las altas esferas del poder económico español, demasiado plagadas de miembros de conservadoras congregaciones religiosas no sea el mejor lugar para salir del armario, que esto no es el negocio de la moda ni del arte, célebres por tolerar este tipo de cosas. Puede que en realidad tampoco les importe tanto mientras sigas haciendo tu trabajo, mientras sigas siendo uno de los engranajes que permite que siga rodando la máquina de hacer dinero y que la cuenta de resultados siga dando apetecibles y suculentos beneficios pero estoy seguro que prefieren que me mueva con discreción y que no dé de qué hablar. Alguien me dijo una vez que Él no tenía porque decirlo, que a nadie le interesaba saber con quién se acuesta cada uno. Sin embargo no veo que a un heterosexual le importe hablar de su novia o de su esposa con la que suponemos tambiÉn se acuesta y seguro pocas son las mentes calenturientas que se imaginaran la escena de pasión entre los dos amantes. Y así seguimos, invisibles para muchos que siguen ignorando una realidad más extendida de lo que ellos creen. Cada día más viejos y sin nada que contar mientras los demás van quemando las etapas, esas que en la vida siguen la mayoría: noviazgo, boda e hijos. Sé que no todos lo hacen, que hay otros mil modelos válidos de vida pero siento que este modelo lo tengo vetado y la Única opción por ahora es mantenerlo en secreto como he hecho hasta ahora, que querer proyectarlo en mi vida pública va a exigirme mucho más que al resto, el coraje y la fuerza que espero encontrar algún día.
27 de septiembre de 2006
En la pasarela
Leí una nueva entrevista a Christopher Bailey en el número de octubre de GQ. Una más sobre el nuevo chico de moda en el negocio del lujo, el diseñador de la clásica firma británica Burberry. Uno de los artífices del nuevo rumbo de una firma hasta entonces anquilosada en un pasado brillante aunque demasiado abigarrado y tradicional para el cambiante mundo de la moda plagado de nuevos valores y gente joven. Savia nueva con la que alimentar y modernizar las clásicas firmas del pasado como Gucci o Dior y crear otras nuevas, más vanguardistas. Bailey es una pieza más del engranaje, fichado para dotar de modernidad a Burberry y recuperarla para el universo del lujo, para volver a hacer de la enseña del caballero un referente en el mundo de la moda, para volver a ser la generadora de tendencias que fue en el pasado sin olvidar la tradición de la firma representada por sus míticos cuadros y gabardinas ahora reformulada a través de las tendencias más vanguardistas, el uso de nuevos tejidos y los cortes más modernos. Su presencia mediática en España está más justificada, inaugura tienda propia en la milla de oro madrileña, la segunda o la tercera de España y asiste a la inauguración como invitado de lujo. Las fotografías oficiales muestran la imagen de un chico rubio típicamente británico y con cara de niño bueno a la que contribuye también su pose, incómoda, molesta como si los focos de la cámara no fueran consigo, como si las labores de relaciones públicas fuesen lo que más le molestase de este negocio y como si en el fondo donde se sintiese verdaderamente a gusto fuese en su taller, creando y diseñando las nuevas colecciones. Una imagen de individuo hermético, tímido aunque sus colaboradores le definan como un tipo afable y cordial con el que resulta difícil no sentirse a gusto trabajando. En general todas las entrevistas abordan Únicamente su faceta de diseñador, su trabajo al frente de la enseña y sus colecciones y parece que quisiera mantener su vida privada al margen. Sin embargo una de ellas revela un detalle que le hace más humano, lejos de la imagen fría y distante de los maniquís que pueblan las pasarelas. El que probablemente es el golpe más trágico de su corta vida, la muerte, hace apenas un año, víctima de una larga enfermedad del que fuera su novio durante casi 10 años. Desde entonces ha encontrado en la moda, su trabajo y su pasión, el refugio necesario en tiempos de adversidad, un remanso de paz en el que olvidar una historia triste y dolorosa que enfrenta aparentemente con una entereza admirable. Una larga relación que sorprende en el mundo frívolo y superficial de la moda. Su capacidad creativa, su fuerza y sobre todo la aparente distancia con la que logra mantenerse al margen de un entorno que me resulta demasiado obsceno y hedonista son dignos de admiración aunque Él mismo reconozca divertirse con las excentricidades del mundo del lujo. Un escaparate a precios imposibles, prostituido como pocos por el vil metal e inaccesible para la mayor parte de los mortales por mucho que se hable de la democratización del lujo pero que influye en toda la sociedad más allá de su capacidad para definir las nuevas tendencias de la moda y el diseño. La industria de la moda define hoy también los sueños, el ideal de vida y los cánones de belleza de muchos con la ayuda inestimable de unos medios de comunicación de masas y de su potente industria audiovisual, difusores de sus imágenes, transformadas en los nuevos iconos de una sociedad occidental desacralizada y sin más referentes que la belleza, el éxito y el dinero. Y precisamente oigo hablar de Bailey este año, el primero y quizÁs el Último en el que acudo a la Pasarela Cibeles de Madrid con la curiosidad de un primerizo en esto de modelos, desfiles y diseñadores, decidido a impregnarme de su supuesto glamour y conocer desde dentro la industria del lujo española, menos aparente que la francesa o la italiana pero igual de inaccesible y exclusiva que el resto. Salí de allí feliz después de una experiencia diferente y única, medio borracho, eso también, tras haber bebido un par de botellines de Moet Chandon pero harto de mantener una pose en la que no me siento cómodo, temeroso de meter la pata, de que los demás notasen que era un infiltrado, de no saber estar a la altura de un mundo que hasta entonces me había estado vetado. También la artificialidad del lujo llegó a molestarme. Necesitaba salir de allí para sentir que había algo más fuera de los muros de Cibeles, un mundo plagado también de miserias, dolor y fealdad pero más auténtico y no tan edulcorado como el que acababa de presenciar. Todo simulaba ser una gran mentira y aunque no debería sorprenderme, trabajo en marketing al fin y al cabo, me resultaba en cierto modo irritante y banal. Imagino que debe ser difícil mantenerse al margen y no caer en las redes de la frivolidad cuando has llegado a lo más alto en el mundo de la moda, seguir siendo un tipo accesible y amable cuando recibes los aplausos del público y el apoyo de los críticos y de los grandes gurús de la moda. Por eso me sorprende la actitud de Bailey. No le conozco, probablemente no le conoceré jamás y tampoco sé si se trata más de una falsa apariencia de modestia y sencillez que de algo real pero prefiero pensar que es un tipo salido de un barrio de clase media de Inglaterra sin grandes pretensiones, con un único sueño, el de poder dedicarse a un trabajo con el que se nota disfruta de veras y con el sabe expresarse como nadie ante el mundo. Prefiero imaginármelo asÍ a que pensar que se trata de alguien más orgulloso y sofisticado. Creer en definitiva que a Bailey todo esto lo queda algo grande, que sus sueños no llegaban tan lejos y se ha visto sorprendido por el éxito y la atención de los focos. En definitiva, un gran tipo al que admirar, alguien a quien la fama y el reconocimiento público no ha cambiado, un modelo a seguir para no olvidar quién soy, de dónde vengo y cuáles han sido siempre mis valores y mis referentes aunque el destino y la curiosidad me hayan llevado a moverme en otros círculos, a codearme con otro tipo de gente y a vivir experiencias que para muchos que como yo se han criado en un barrio de clase media de una ciudad de provincias resulten extrañas y lejanas.
25 de septiembre de 2006
El dolor de una sospecha
La semana pasada volví a escuchar la canción, llevaba tiempo tatareándola desde que hace más de un mes volví a ver la película en la que me cautivó. Estaba en el coche de una compañera del trabajo y la tenía puesta, le comenté que me gustaba y se ofreció a dejarme el CD. Todas las canciones de Damien Rice son lentas, pausadas, muy vocales, la que ya conocía, Blower’s Daughter acompaña el final de "Closer". La película es una adaptación de una aclamada obra de teatro y por eso a veces da la sensación de que los escenarios sobran porque lo realmente importante son las relaciones que establecen sus cuatro protagonistas, una trama personal llena de engaños, reproches y orgullos destrozados, esencialmente masculinos, en un guión condensado y de una profundidad sorprendente para una producción de Hollywood con pretensiones comerciales. Closer aborda desde una perspectiva madura e inquietante los problemas de pareja, los celos, las dudas y las pasiones de dos hombres y dos mujeres que entrecruzan sus vidas a través de un diálogo muy cuidado aunque a veces resulte Áspero, duro y sombrío. Quizás sea eso lo que le dé realismo a la obra, no hay tapujos, el deseo y la lujuria por un lado y el dolor, el odio y la rabia del que se siente engañado aparecen retratados de una manera brutal. Y viéndola como espectador sentí que no era posible mantenerse al margen de una historia universal, de las dudas y los temores de unos personajes en los que era difícil no sentirse reflejado. Sin embargo sentí que la actitud de los personajes masculinos cuando se saben engañados, sus ansias por conocer todos los detalles de esa infidelidad, los más escabrosos y duros, era una actitud estéril y dañina. Porque escuchar de los labios de las mujeres cómo, cuando y dónde de sus relaciones adúlteras no sirve para intentar entender el porqué y sólo trae consigo más dolor y acaba generando más odio. Yo también tengo fama de curioso, de cotilla incluso, en cierto modo no podía haber escogido mejor mi trabajo porque me pagan por indagar, descubrir que hay detrás del comportamiento de los individuos cuando compran, cuando deciden una marca o valoran una campaña publicitaria. Sin embargo hay cosas que he preferido o que no me he atrevido a preguntar porque sólo imaginar la respuesta, la más terrible, la que sospechas como verdadera siento como ardo por dentro de rabia y como se me contrae el estómago. Y es que imagino que una vez que tienes la confirmación de lo que hasta entonces no era más que una sospecha, una vez escuchas la sentencia condenatoria no hay manera de volver atrás, a partir de ese momento toca aprender a vivir sabiendo que te han sido infiel al menos una vez. Una sola frase basta para que la confianza en el otro se evapore, la mayor parte de las veces irremediablemente y lo que es peor, para que también desaparezca la confianza en uno mismo, la seguridad de que uno es lo suficientemente bueno como para retener a ese al que quieres a tu lado, lejos de las tentaciones de un mundo plagado de ellas y ajeno a esa búsqueda que en realidad no se detiene jamás, a esos ojos escrutadores que buscan lo que desean y desean lo que ven. He visto a muchas personas sentir la inseguridad en sus carnes, a individuos excepcionales y seres maravillosos dudar de su capacidad para sentirse a la altura de los demás por culpa de una infidelidad demasiado dolorosa, de un engaño que nunca han podido o sabido curar del todo. Por eso en aquellas ocasiones en las que he tenido dudas he preferido no indagar demasiado, para no herirme innecesariamente he optado por mirar a otro lado si sólo había leves sospechas más propias de los celos que de la existencia de evidencias muy claras. Sólo una vez consulté los mensajes de un móvil que no era mío devorado por las dudas y las sospechas para leer en una bandeja de entrada plagada de mensajes un par de ellos que casi me destrozan, propuestas ilícitas a alguien que entonces significaba demasiado en mi vida. No quise leer sus respuestas en la bandeja de salida, no quise o no pude, preferí confiar y creer que eran propuestas que había rechazado y nunca se lo dije, culpable de haber leído algo que no me pertenecía, de haberme inmiscuido en una parcela de su intimidad, de haber sospechado y dudado de su palabra. Esa duda me ha perseguido desde entonces pese a que ya forma parte de un pasado lejano y sin ninguna continuidad en el presente. Pese a todo creo que el pasado pasa factura en mi vida actual en forma de celos absurdos y de reproches a quien no se lo merece. Ayer recordé como me decías que lo que menos te gustaba de mi era que no tenía la seguridad de gustar a los demás, de ser lo suficientemente bueno. No había sido consciente de eso pero quizás necesite volver a creer en mí mismo antes de poder confiar en ti, quizás debería poner orden en mí mismo antes de enfrentarme a un proyecto que nos pertenece a ambos o tal vez puedas ser el bálsamo que necesite para curar las heridas de un pasado que no ha cicatrizado del todo. Puede que sea pedirte demasiado, hay cosas a las que uno debería tener que enfrentarse a solas antes de correr el riesgo de dar un paso en falso. Quizás sea demasiado tarde y vamos a tener que sufrirlo junto.
7 de septiembre de 2006
Siempre nos quedará París
Resulta curioso que tu nombre latino, Lutetia, signifique "residencia en medio del agua" aunque la majestuosidad del Sena no pasa desapercibido a nadie que te visite y hoy no se entendería París sin el suave abrazo con el que rodea a Notre Dame o sin el leve susurro con el que transita al lado de la torre Eiffel. Al revés que Madrid que creció y se desarrolló a espaldas de un río al que nunca se ha sentido especialmente unido, la ciudad París surgió en medio del Sena y sigue íntimamente unida a Él, a sus puentes, a sus muelles y a los barcos que lo transitan a diario lleno de turistas llegados de medio mundo. Y fue en medio de este río, en la pequeña Île de la Cité donde se asentaron sus primero pobladores, un entorno que imagino hostil en sus inicios, incómodo, oscuro, húmedo y lleno de barro, ahí nació el rutilante París. Mucho ha cambiado desde entonces la ciudad de la luz, mucho ha hecho el tesón de sus habitantes por domesticar a su compañero inseparable, por encajar el río entre grandes paredes de piedra, decorado de excepción de una ciudad de ensueño, escaparate para el mundo de la "grandeur" del imperio francés hoy ya venido a menos en este entorno globalizado y el lugar elegido por todos los presidentes de la 5ª República francesa para pasar a la historia y dejar una huella imborrable, nuevos iconos que sumar a todos los que jalonan esta ciudad repleta de historia y de monumentos. No era la primera vez que la visitaba, somos ya viejos conocidos, me he pateado sus calles muchas veces aunque siempre descubro nuevos rincones, lugares mágicos que no conocía y que muchas veces ni siquiera salen en los mapas. Eso es lo que me gusta de ella, ese aire misterioso oculto bajo su disfraz de vieja dama burguesa, esa sensación de que nunca la llegas a conocer del todo, que siempre te sorprende con coquetas terrazas en las que el tiempo parece no haber pasado, lugares donde tomar un café mientras lees o te entretienes viendo a la gente pasar ajena a la curiosidad de tu mirada. O esas diminutas plazas llenas de encanto, espacios ajenos a los circuitos turísticos pero que en lugares menos cargados de historia y de monumentos serían dignas de aparecer en los mapas como visitas inexcusables. Por eso me gusta dejarme llevar por mi instinto para recorrer sus callejuelas, muchas han sido las veces que lo hecho solo, también en esta ocasión hubo tiempo para perderme, para reencontrarme a solas con la ciudad. Lo diferente esta vez vino de tu mano. Gracias a ti pude ver el lado más pasional y romántico de la ciudad que tanto se me resistía, el más reconocido por todos cuando hablan de ella como la ciudad del amor. Como en la película "Antes del Anochecer" París se convirtió en un decorado grandioso en el que no paramos de hablar, disfrutamos como niños y nos fuimos conociendo un poco mÁs. Descubrí tu lado más tierno, sensible y educado, ese que ocultas bajo tu disfraz de payaso irredento, en eso te pareces demasiado a mi. Costó separarse, costó decir adiós aunque en realidad se tratase de un hasta luego despuÉs de tres días llenos de conversaciones, de risas y de largos paseos por el Sena. Contigo siento que puedo ser yo mismo, que nadie me juzga continuamente, que no tengo la sensación de defraudarte cuando me dejo llevar por la espontaneidad, que no necesito calcular cada paso que doy, contigo me siento relajado, feliz. "Siempre nos quedará París" te decía como consuelo cuando tuvimos que posponer algunos de los planes previstos para este verano. Y siempre nos quedará como recuerdo de un increíble fin de semana que ha unido irremediablemente esta ciudad contigo en mi memoria. Entraste en mi vida del mismo modo que el Sena atraviesa París, de un modo pausado y tranquilo pero poco a poco siento que como París hay una parte importante de mí que no se explica o no se entiende sin ese compañero discreto y mudo que se cruza a cada paso con todo aquel que recorre la ciudad. Sólo el tiempo dirá si has venido a quedarte para siempre, testigo silencioso de mi vida como el Sena lo ha sido de París durante siglos.
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